lunes, 16 de abril de 2012

EXPERIENCIA DE LUJO

Este Sábado acudí por primera vez al estadio Santiago Bernabéu, uno de los coliseos del fútbol español. Con razón de ver el desplazamiento de mi equipo, el Real Sporting de Gijón, y a la vez poder ver en directo jugadores de primer nivel. Aún a sabiendas de la suspensión de mi jugador favorito del Real Madrid, Xabi Alonso.

Tras tomar algo en un bar cercano que estaba un tanto ocupado por ambas aficiones, nos dispusimos a buscar la puerta 50. Las entradas eran para la zona Vip, y las preguntas se me volcaban en la cabeza. Gente por todos los lados, mas policía de la que yo esperaba y... Manuel Rosety charlando por ahí. Una vez encontrada y atravesada la zona comercial, accedimos a la zona. Eramos seis, y las exclamaciones se juntaron cuando azafatas y azafatos nos dieron entrada. Mientras mis acompañantes discrurrían que canapes coger primero y que tomar, yo ya me había acercado a la puerta que accedía a la grada. De mi boca salío una palabra eclesiastica al observar los cinco pisos de gradas que contenía el estadio. El verde era un perfecto tapete. Y los jugadores ya ejercían los calentamientos.
Volví a entrar para expresar mi sorpresa a los demas. Me fijé, y comencé a picar. Pinchos de morcilla, bacalao, empanada, jamon y lomo ibérico entre otros. Unos vinitos y a disfrutar el ambiente. De nuevo a la grada, quedaban quince minutos, pero fuimos a observar los asientos, como los de los cines, comodísimos. Calefacción y televisiones en la zona alta. Perfecto, después de las polémicas en directo vendrán las discusiones en repeticiones.
Antes de comenzar el partido, un minuto de veinte segunditos en riguroso silencio. Y comienza la acción. Los de detrás de la portería pronto comienzan el gallinero, y observo un Bernabéu casi lleno. Minuto siete y el conocido "Juanito Maravilla". Apenas duró tres estrofas, pero pensandolo bien lleva durando mas de veinte años. El público blanco un poco frío, parece vamos. Pero achuchando siempre al colegiado. El penalty en contra lo protestan al unisono. Y tras el gol intentan subir ánimo de los suyos. Comienzan las dudas, pero el gol de Higuaín hace pensar que no lo pasarán tan mal. Poco después puedo comprobar el porqué del miedo escénico y la presión de los colegiados. Canella se juega la segunda tarjeta, y vamos que si subieron los decibelios. Al descanso se observa que mascullan palabras entre los dientes.
Vuelta a los canapés, esta vez calientes, y a los vinitos. Va a comenzar de nuevo, un cacharrín en vaso de carton y al campo. El gol de Cristiano me sirve para dos cosas. La primera para borrar mis ilusiones de sacar algún punto. La segunda, para presenciar que realmente están con el jugador portugués. Y tras ese gol comenzó su fiesta. Una chica muy fea con la camiseta de Di María comenzó a cambiar las protestas al arbitro por aplausos a los suyos. El fondo norte y el sur comenzaron a saludarse con gusto, y los canticos comenzaron a unirse en cada parte de la grada.
Se pitó el final, me fuí a pisar de nuevo la moqueta del local mientras me ofrecieron Champagne, que no cava. No tenía nada que celebrar, pues mi equipo había perdido. Pero la experiencia me resultó satisfactoria.

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